Textura Abierta

lunes, abril 07, 2008

Alberto González o el sentido del sueño americano

En la conferencia anual que realiza la Asociación de Estudiantes Latino Americanos de Penn, el keynote speaker este año fue Alberto González. El tema de la conferencia era "Alcanzando el Sueño: el Exito de los Latinos en la Profesión Legal". El ex Attorney General, a quien se recuerda más por sus desaciertos que por sus logros en el cargo, representa el máximo hito de un hispano en la profesión legal en USA.

Su visita tuvo polémica: algunos estudiantes de Penn criticaron duramente a la Asociación por haberlo invitado, conociendo su rol en los informes que preparó a pedido de Bush, para que éste pudiera justificar constitucionalmente su desvío a las obligaciones de Estados Unidos en materia de derechos humanos. Las preguntas al juez González fueron pedidas con anticipación y "filtradas" por los organizadores, no se permitieron preguntas relativas a su desempeño del cargo ni a los motivos por los cuales renunció. Finalmente, varios estudiantes concurrieron a la conferencia vistiendo en sus chaquetas una cinta color naranja, el mismo color de los trajes que usan los "enemigos combatientes" en Guantánamo.

El ex Attorney General centró su discurso en cómo las mejores cosas pasan cuando uno las ha planeado, un discurso interesante que contaba cómo pasó de ser el hijo de una familia pobre de inmigrantes méxicanos al latino que más alto ha llegado en la administración de Estados Unidos. Pero lentamente el discurso se centró en reproducir, una vez más, la misma monserga que repitió y defendió cuando estuvo a las órdenes de Bush. Que Irak es un lugar más seguro, que el enemigo está siempre al acecho, que lo peor para la democracia son los jueces activistas, que el presidente sí tiene el poder en tiempos de guerra para pasar a llevar tratados internacionales. En fin, el mismo mensaje que Bush lleva emitiendo desde hace años, internalizado, procesado y aceptado por González.

Alberto González alcanzó el sueño americano: ex oficial de la Fuerza Aérea, abogado de Harvard, socio de un estudio importante, juez de la Corte Suprema de Texas, general counsel para Bush como gobernador, y general counsel y luego Attorney General para Bush como presidente. Y en ese camino perdió algo. González está totalmente asimilado, un tipo que olvidó sus raíces, que las saca a relucir sólo cuando le sirve, pero que perdió esa desconfianza que todo inmigrante tiene en un país que no es el suyo. Es ese sentido común tan propio de las minorías les permite saber que en el fondo las cosas no son tan lindas como se las pintan.

Por eso González cayó de lo más alto. Porque al perder esa capacidad de cuestionamiento, no logró darse cuenta que ser un patriota no significa la pleitesía ciega, que alguien que cree en la democracia sabe que el cuestionar al gobierno es algo necesario. Bajo un mal llamado patriotismo, torció la interpretación de la Constitución americana para permitirle a Bush desentenderse de los derechos humanos, y desarmó el Ministerio de Justicia para colocar lacayos de Bush en puestos que debían estar a cargo de independientes. Finalmente renunció cuando era incuestionable que le estaba mintiendo a la comisión que investigaba el despido de los abogados en el Ministerio de Justicia.

Descalifica ello todo lo que había logrado en su carrera hasta que conoció a Bush? Es difícil saberlo, pero lo más probable es que pase a la historia no por sus planes, sino por como resultaron esas cosas que no había planeado.

COROLARIO: un artículo del New York Times, que detalla los problemas que Alberto González ha tenido para conseguir trabajo, luego de su deslucida pasada por la Casa Blanca.

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jueves, abril 03, 2008

El TC y la píldora

Quizás sea un poco anticipado opinar sobre la decisión del Tribunal Constitucional que declaró inconstitucional la política del gobierno respecto de la píldora del día después, por considerarla abortiva, dado que el fallo aún no ha sido publicado. Lo preocupante del fallo es su extensión, pues supuestamente podría además prohibir, de un pincelazo, los dispositivos intrauterinos.

Sin embargo, es fácil anticipar una de las discusiones que vendrá. Ella dice relación con la composición del Tribunal Constitucional. Debido a que el tema que se resolvió no es técnicamente sólo un tema constitucional, sino también valórico, resultará por lo menos predecible que se cuestione el criterio que usaron los ministros que votaron a favor de la prohibición, si es que se basaron no sólo en su forma de entender la Constitución, sino también en sus creencias personales (tal como lo hicieron los parlamentarios que presentaron el requerimiento).

Y si este cuestionamiento ocurre, entonces la elección de los ministros del Tribunal Constitucional (por lo menos en lo que a la designación realizada por el Senado y la nominación por la Cámara de Diputados se refiere) podría verse afectada por consideraciones sobre temas valóricos respecto de los cuales un ministro no debería pronunciarse. No parece una buena idea que la elección de los ministros del TC se asemeje a la forma en que los ministros de la Corte Suprema son elegidos en Estados Unidos, conviertiendo la designación en una maniobra política en que los miembros son designados por tener una escala de valores acorde con el gobierno de turno (lo que ha convertido a esta Corte en dos trincheras de jueces "conservadores" y "liberales").

Quizás el riesgo no sea tan alto, debido a que -a diferencia de los ministros de la Corte Suprema de Estados Unidos, cuyo cargo es vitalicio- los ministros del TC duran nueve años en sus cargos, y deben cesar en sus funciones al cumplir 75 años de edad. No obstante, sería aberrante que cada vez que deba elegirse un nuevo ministro del TC, su elección se base en la compatibilidad valórica del candidato con quien efectúa la designación, como una forma de poder usar el TC como una herramienta de control de las políticas del gobierno por parte de la oposición, o viceversa, escudándose en un supuesto control constitucional.

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