Conquista y Unidad Política en el Nuevo Mundo
CONQUISTA Y UNIDAD POLITICA
EN EL NUEVO MUNDO
Santiago Montt Oyarzún
A pesar de ser dos conceptos que se tienden a asociar, expansión y unidad política son eventos históricos distintos. Esto que puede parecer obvio y de sentido común, en realidad no lo es, puesto que es muy probable que la única conquista en la historia moderna que ha llevado consigo la unidad política sea la realizada por los españoles durante los siglos XV y XVI. En otras palabras, es una excepción del todo notable que, en una expansión, en un corto periodo de tiempo –y no una colonización de varios siglos- haya generado unidad política en los terrenos conquistados. Las razones de tan extraordinario suceso deben ser buscadas en la mentalidad europea y en la peninsular en particular.
En primer lugar, es necesario distinguir entre las diversas expansiones que se han desarrollado desde el continente europeo en la modernidad, qué es lo que hay en común entre ellas y qué en discordancia. En lo que al primer punto respecta, es indudable que uno de los factores presentes entre todos los reinos del Viejo Mundo, es la sangre indoeuropea que corre por las venas de todos sus miembros. Es el común denominador que distingue a la cultura medieval europea, sobre todo en lo que se refiere al fuerte carácter fáustico de su espíritu. Las descripciones de Tácito sobre los germanos, su organización y sus instituciones, no dejan de recordarse al pensar de un español al preparando una expedición o un francés estructurando una empresa de colonización.
Sin embargo, las distintas expansiones de Viejo Mundo durante los últimos quinientos años se distinguen entre sí notablemente más de lo que habitualmente se considera, y quizás, uno de los factores más determinantes de esta diferencia, esté constituido por el momento histórico en que cada uno de estos arranques aventureros se produjeron.
Cuando Colon descubrió América, los portugueses llevaban ya más de medio siglo en su historia de las conquistas. Ello significa que estas se produjeron en el ocaso de la Edad Media, y que en consecuencia, tanto su espíritu como las técnicas jurídico-políticas usadas para llevarlas a cabo, fueron del mismo modo medievales. Este fenómeno tuvo un fuerte efecto fijador en lo que instituciones y al Derecho de refiere, debido a que las potencias europeas cristalizaron ciertos medios de administración, tales como fueron concebidos en el momento de su creación. Por lo demás, es inevitable el fenómeno de los derechos adquiridos, ya que revertirlos tiene siempre un elevado costo social. Es por ello que no debe llamar la atención el hecho que en la primera etapa de las Indias Portuguesas se implantara el sistema de las capitanías hereditarias, de fuertes resabios medievales.
En cambio, el momento más importante de la conquista española fue toda la primera mitad del siglo XVI, vale decir, los albores de la Edad Moderna. Ese medio siglo desde las primeras incursiones portuguesas, a pesar de su poca extensión en años, posee un profundo cambio histórico de por medio. Por eso es que la conquista española esta enraizada en el espíritu medieval, pero se organiza bajo técnicas y motivaciones modernas. Tiene el mismo carácter religioso de la portuguesa, pero es impulsada por los Reyes Católicos, monarcas con aspiraciones indiscutidamente modernas.
En Francia el proceso de expansión se desarrolla ya muy entrada la edad moderna, y tal es así, que a pesar de los esfuerzos del Cardenal Richelieu de encauzar este fenómeno al modo español, con un doble fin político y religioso, le fue imposible evitar que los fines comerciales se sobrepusieran a los espirituales.
En consecuencia volviendo a la tesis principal, este momento histórico y sus características, fue el que permitió que se desarrollaran nuevos Estados en el Nuevo Mundo, y que se generara en ellos una unidad poética y cultural que constituye una notable excepción. Es necesario destacar algunas de las características del siglo XV y XVI, para visualizar como fue esto posible.
Comenzando por los elementos materiales de este acontecimiento histórico, cabe establecer en forma esencial que el principio en virtud del cual se dividió el poder en relación al territorio es uno de los factores preponderantes de la formación de los actuales países de Latinoamérica. La articulación de las Indias en estados y reinos, es posible de representar mediante la siguiente metáfora: los límites diseñados por la autoridad, en forma aleatoria, fueron “las masetas donde germinaron las semillas de cada uno de estos reinos”. La semilla representa a las capitales, la maseta al reino y la futura planta a la Nación y su unidad política. En el caso particular de Chile, este elemento material contribuyó a una formación precoz de la unidad, principalmente por dos razones: lo pequeño que resultó en la práctica el reino después del desastre de Curalaba en 1598 y la grave amenaza común que significó para sus habitantes la Guerra de Arauco.
Junto a este fundamental factor, se encuentran otros menos tangibles, pero no por ello menos importantes. Juega así un rol fundamental las técnicas políticas usadas por la monarquía española, las cuales destacan por su modernidad. Se puso en práctica un sistema estatal tanto desde el punto de vista de lo que hoy llamamos “forma de Estado” como de lo que llamamos “forma de gobierno”. La modernidad trae consigo el ideal absolutista de gobierno, con total ausencia de fuertes grupos intermedios –señoríos, feudos-, y por el contrario, la Corona desea mantener un vínculo directo con todos los vasallos y ojalá, sobre todo el orbe.
En este sentido, las Indias son un delicado juego de intereses que fue resuelto en forma magistral por la Monarquía. Por un lado, los conquistadores y encomenderos sueñan con ser señores y por otro, sectores importantes de la Iglesia luchan por la más absoluta libertad de los indios, respetando de este modo los dos polos d una época de cambio. No puede pasarse por alto el hecho que la Iglesia encarna los valores más modernos. En este escenario de disputas, debe ubicarse la política vacilante de la Monarquía, que a la larga se centra en el punto intermedio entre ambos grupos, y de acuerdo a sus aspiraciones modernas: la encomienda, institución medieval hispana, la que arreglada, regulada y adaptada se asentó largamente en el Nuevo Mundo (Leyes de Burgos y Leyes Nuevas). Fue la solución que concilió la mayor parte de los intereses: por un lado la monarquía, puesto que conservaba un vinculo directo con los indios, a los conquistadores y expedicionarios al otorgarles participación en tributos y premios, como también un factor de trabajo para llevar sus metas, y a la Iglesia, puesto que se estableció un estatuto indígena acorde a los valores cristiano-medievales.
Pero tal vez el factor de mayor trascendencia en la formación de la unidad política de los terrenos recién adquiridos por la Monarquía, esté constituido por el espíritu que anima la conquista española. A pesar que el descubrimiento de las Indias fuera culminando ya iniciada la edad moderna, ésta todavía era muy joven y por ende, la mentalidad medieval debe haber primado en el alma de la población. La Europa cristiana estaba imbuida en la creencia mas intima de certeza religiosa, de que la verdadera y única religión era la cristiana. Era el espíritu de cruzada. Cabe recalcar que este íntimo convencimiento de estar en lo cierto no se contradice con el valor de la tolerancia, que es propio del mundo medieval.
En este sentido, tal vez una de las causas de la formación de las mestizas naciones hispanoamericanas, sea este valor de la tolerancia, que se dio, sin duda, unido al fenómeno de afinidad racial, también escaso en la historia de las expansiones. La mentalidad del conquistador español lo llevo a considerar persona al nativo, y tal es así, que estuvo dispuesto a “reproducirse” con ellos. Como consecuencia, es esclarecedor al respecto que hoy día no existe en el orbe latinoamericano –o en un grado muy pequeño-, el racismo que caracteriza a las colonias europeas, por el contrario, el clasismo es propio de nuestra cultura, lo que evidencia, no dos marcados y distintos grupos en la población, sino una amplísima gama de mestizaje que va desde occidental hasta indio puro, con todas las combinaciones intermedias posibles.
Además, se suma a ello un valor propio de la época barroca y que vendrá a fortalecer la tolerancia de corte medieval: el respeto a la variedad. En la medida en que se considera la variedad como “el primero de los valores que el mundo encierra”, se permitirá a cada zona de las Indias a desarrollar su carácter según su modo natural, con escasos intentos de normalizar de acuerdo a un criterio común. No se trata de especulaciones, sino de un principio que animó la vida jurídica y política de las Indias, sobre todo, por la importancia que tuvo el barroco, como la primera manifestación artística y cultural que englobó a toda las Indias.
Para terminar, cabe concluir que para comprender los resultados de la conquista española y el génesis de nuestras naciones, resulta indispensable conocer el momento histórico en que se realizó la expansión hispánica. Si se hubiese efectuado antes, no se habría contado con la técnica jurídico-política para formar un conglomerado de estados con vasallaje directo, elemento indispensable para una unidad política moderna. Por otro lado, si hubiese sido posterior se habría llevado a cabo con marcados ribetes comerciales, lo que nos habría convertido en colonias como las africana o asiáticas, las que no gestaron –o tal vez a muy largo plazo- ni una nueva cultura del Nuevo Mundo, sino que en general pasaron de ser enclaves mercantiles que se sostuvieron mientras los negocios que las justificaban fueron rentables. Es por ello, que la conquista española fue única en sus resultados: se realizo en el momento preciso para conciliar el medioevo y la modernidad, y además, duró el suficiente tiempo – desde la salida de Colon en 1492 hasta la salida de los franceses en 1606- para permitir que se asentara conforme a esta mentalidad.
Bibliografía
Bravo Lira, Bernardino, La Monarquía Moderna en Europa e Iberoamerica. Paralelo Institucional.
Góngora, Mario, El Estado en el Derecho Indiano. Editorial Universitaria, Santiago 1951, Chile.
Hancke, Lewis, La lucha por la justicia en la Conquista de América.
Zavala, Silvio, Las instituciones jurídicas de la conquista de América.
Meza Villalobos, Néstor, La conciencia política chilena durante la Monarquía. Editorial Universitaria, Santiago 1958, Chile.
Tau Anzoátegui, Víctor, La variedad indiana, una clave en la concepción jurídica de Juan de Solórzano.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home